Cuando sientes que algo se ha roto sin romperse

por | Dic 1, 2025 | Autoconocimiento | 0 Comentarios

Hay días en los que notas que algo no encaja, pero no sabes explicar qué. No duele como una caída ni se ve como una herida. Es más sutil: una distancia rara entre tú y tú. Como si acompañaras tu propia vida, pero desde la grada.

No pasa de golpe. Es un muro silencioso que se construye mientras tú vas tirando, cumpliendo, respondiendo “todo bien” incluso cuando no es del todo cierto. Y un día, sin drama, descubres que llevas semanas viviendo al otro lado de ti mismo.

Ese muro no está ahí para fastidiarte

Durante mucho tiempo pensé que levantar un muro emocional era una especie de fallo interno. *“Si estuviera bien, no me pasaría”*. Pero no: los muros aparecen para protegerte cuando algo te supera, te cansa o te duele más de lo que quieres admitir.

No es debilidad. Es supervivencia. Solo que a veces el sistema de protección se queda encendido aunque ya no haga falta. Y ahí estás tú, queriendo avanzar… con el freno de mano emocional echado sin darte cuenta. Me ha pasado más veces de las que me gustaría confesar.

Cómo se levanta un muro sin que lo veas venir

Empieza con cosas pequeñas: “No digo nada, no vale la pena”. “Lo aparco para luego”. “Estoy bien, en serio”. O la clásica trampa: “Puedo con todo”, justo cuando no puedes con casi nada.

Ladrillo a ladrillo, te vas perdiendo de vista. No porque quieras, sino porque estás haciendo malabares y no queda energía para escucharte. Hasta que un día te preguntas qué necesitas de verdad… y te incomoda no tener la respuesta.

Las señales de que el muro ya está ahí

Lo notas cuando te preguntan cómo estás y necesitas medio segundo para buscar la respuesta correcta. O cuando pospones decisiones simples porque has perdido la costumbre de preguntarte qué quieres tú.

A veces es esa sensación de estar en piloto automático, como si la vida fuese funcional pero poco tuya. O ese cansancio emocional extraño que aparece sin motivo claro. O esa desconexión de ti mismo que no sabes explicar, pero sí reconocer.

No hace falta derribar nada a golpes

Declararle la guerra a tu muro interior no sirve. Yo ya intenté “arreglarme” por las bravas y te lo ahorro: acabas agotado y más frustrado.

La salida suele ser más sencilla: acercarte sin juicio, sin prisas y sin exigirte épicas. Preguntarte con honestidad: “¿Qué parte de mí lleva tiempo pidiendo algo que no le estoy dando?”

A veces la respuesta es descanso real. A veces es una conversación pendiente. Y otras es simplemente darte cinco minutos para sentir sin intentar convertirlo en productividad emocional. Cinco minutos pueden más que cien teorías.

El muro siempre guarda una historia

Los muros no suelen nacer de un solo golpe. Son acumulación: decepciones pequeñas, silencios largos, expectativas que pesan, momentos que dolieron más de lo que aceptaste en voz alta.

No están para castigarte. Están para recordarte que en algún momento necesitaste protección. Entenderlo es un pequeño acto de reconciliación contigo. Y desde ahí, el muro deja de ser un enemigo y se convierte en un mensaje.

Un movimiento pequeño que sí cuenta

No necesitas dinamitar nada. Solo un gesto consciente hoy: escucharte un poco más, exigirte un poco menos, permitirte necesitar lo que necesitas.

Volver a ti no es heroico, pero es profundamente transformador.

Si este tema te toca por dentro, lo desarrollo con más calma en mi libro Empieza por ti. Y si quieres recibir más textos que te acompañen, puedes suscribirte a la newsletter. Cuando quieras, tienes el libro disponible en Amazon.

Related Posts

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *