Vivir en piloto automático: cuando la vida se te pasa sin darte cuenta

por | Nov 4, 2025 | Autoconocimiento | 0 Comentarios

Hay días en los que haces todo bien: cumples horarios, respondes mensajes, te alimentas más o menos sano… y aun así, al final del día, sientes que no estuviste. Que estuviste “haciendo”, pero no “estando”.

Eso es vivir en piloto automático. Un modo de supervivencia tan eficiente que ni siquiera avisa cuando te desconecta de ti.

Cómo empieza el modo automático

No ocurre de golpe. Empieza con pequeños descuidos: un “ya lo haré después”, un “solo miro el móvil un momento”, un “hoy no tengo energía para pensar”. Poco a poco, lo que era una excepción se vuelve costumbre, y sin darte cuenta empiezas a vivir en modo ahorro de conciencia.

Te levantas, te duchas, desayunas mientras revisas correos, trabajas, comes rápido, ves algo de Netflix y te vas a dormir con la sensación de que el día pasó… pero tú no pasaste por él.

No es pereza ni apatía. Es una estrategia: tu mente intentando protegerte del exceso de estímulos, decisiones y emociones. Te “adormece” un poco para que no duela tanto. El problema es que también te anestesia la alegría, la curiosidad, la presencia.

El cansancio de no sentir nada

Vivir así cansa más que correr una maratón. No físicamente, sino por dentro. Porque sostener una vida sin alma requiere más esfuerzo que atreverte a sentirla. Y llega un punto en que el cuerpo empieza a gritar lo que el alma calla: insomnio, ansiedad, apatía, irritación sin motivo aparente.

El piloto automático no es el enemigo. Es un reflejo. Una forma de decirte: “ya no puedo más con este ritmo, necesito que vuelvas a conducir tú.”

Volver al modo manual

Despertar no significa hacer yoga al amanecer ni dejarlo todo para vivir en una cabaña. Significa, literalmente, volver a estar donde estás. Respirar antes de responder. Mirar a quien te habla. Comer sin otra pantalla que el plato.

No necesitas transformar tu vida: solo recordarte dentro de ella.

Al principio cuesta. El silencio incomoda, la pausa parece inútil. Pero poco a poco algo cambia. Sientes que el tiempo se expande, que el cuerpo respira solo, que no hace falta correr para llegar.

Y entonces te das cuenta de algo simple y enorme: no era la vida la que iba demasiado rápido, eras tú quien se había ido de ella.

Pequeños actos para volver a ti

  • Haz una sola cosa a la vez (aunque tardes más).
  • Camina sin auriculares al menos diez minutos al día.
  • Respira tres veces antes de abrir el móvil por la mañana.
  • Apaga las notificaciones que no te aportan nada.
  • Pregúntate cada noche: “¿Dónde estuve realmente hoy?”

Son gestos mínimos, pero devuelven algo que habías perdido: el timón. La sensación de que la vida no se te escapa, que puedes sentirla otra vez con las manos en el volante.

El humor como despertador

A veces, hasta intento vivir en modo presente… y acabo meditando en automático. Pero bueno, al menos ya lo noto. Y ese “darme cuenta” ya es un inicio. Nadie vive despierto todo el tiempo, pero todos podemos aprender a volver más rápido.

Despertar no es mantenerse siempre lúcido; es tener la honestidad de reconocer cuándo te dormiste y la ternura de volver sin culparte.


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